Me conoce más que muchas mentes que deambulan en diferentes sentidos.
Es ella, la que realmente sabe con certeza lo que siente mi cuerpo; me sostiene, me resguarda, aunque a veces quiera negarlo.
Esta noche le regalé algunos sonidos, pero me pidió que le hable de eso que
interfería en medio de las melodías; soy obediente, acá estoy como me lo
pediste.
Sí, “los parámetros”; quedó esa palabra fija allí, pidiéndome que desmenuce
su importancia, su significado. Me preguntan por qué los busco, por qué los llamo cuando no puedo controlar mi razón; por qué les pido a gritos que se despierten cuando mi intuición no deja de hablarme…
Quizás creo que me protegerán de ella, aunque no sé por qué le temo.
¿Temerle a la intuición?, es un absurdo. Es tan fiel y transparente; aunque intente llevarte por lugares a veces desconocidos, impregnados de
adrenalina; ella, sabe lo que hace. En ocasiones, deseo dejarme llevar y lo hago…
Cuando viajo demasiado, al dormir siento que me caigo en un abismo y me asusto… allí llamo a los parámetros para que me socorran.
Me pregunto hoy, esta noche, que pasaría si me dejara caer. ¿Conoceré lo infinito? ¿Habrá alguien esperándome? Tal vez, sea tan placentero que no
quiera regresar…
No sé si lo lograré hoy, pero estoy en esa búsqueda. Me enfrento con el otro
ser que habita en mí y allí me desvío por un tiempo. Me distraigo, me dejo engañar, creyendo que soy yo la que así lo desea…
Vivo así por un tiempo, pero hay un mágico momento en el cual ella, la intuición, comienza a susurrarme lentamente, como advirtiéndome que no estoy siendo realmente feliz, me concientiza de que no es mi esencia la que está decidiendo, la que está hablando, la que está viviendo.
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