Era hora que llegue esa olvidada sensación. Es increíble cómo el alba puede ser tan amable, cómo el día puede tornarse de un color nunca antes visto; los primeros mates tienen un sabor demasiado placentero. La luz natural que atraviesa la ventana logra dejarme inmóvil, mirando hacia un punto infinito. Inexistente, allí de pie impregnada por el calor corporal de la mañana y el aroma de un sueño.
Aquella lejana sensación se hizo presente, lentamente sin que yo me diera cuenta; me ha sorprendido, no hay una palabra que la defina, afortunadamente. Una sensación que logra atravesarte todos los sentidos, todo el cuerpo. Como si fuera parte del oxígeno, viajan.. de la mano. No pueden ni quieren desprenderse. Van al unísono.
El disfrute constante; palabras compartidas y elegidas, no da lo mismo…
El goce de una mirada que se detiene cuando el silencio decide hablar; el “no entender demasiado” provoca el misterioso sentimiento de la confusión, pero no genera la ansiedad del día después, sino, la sonrisa que acompaña gentilmente a los pensamientos y al recuerdo de lo vivido. Por la mañana todo está más claro, fresco, nítido.
Pequeños gestos que tranquilizan, haciendo que el andar se convierta en un vuelo infinito; el deseo de dejarse llevar por un instante más, cobra mayor fuerza cada día…
… es así como se va componiendo lentamente, este preludio que quién sabe en qué tonalidad estará; en el cual los sonidos provocan aquella sensación olvidada, que no puede explicarse con una sola palabra, afortunadamente.
Comentarios
Publicar un comentario